Otro de mis defectos es ser demasiado indecisa.
Claro, claro. Tengo muchos defectos. Pero en un top five ese sería el primero, seguido de "me cuesta decir lo que siento" y ser demasiado "visceral".
He tratado algunas veces de hablar fuerte y claro, dejar de lado las emociones, pero sencillamente me carcomen desde adentro, todo.
Tu nunca entiendes y yo no me esfuerzo en explicarte nada, porque sé que será una pérdida y nunca podré decir lo que realmente siento/ pienso sin que desvirtues eso que trato de decir.
Es lo que sucede. Mi mente en particular es una madeja de pensamientos y NO-reacciones.
Podría decirte que te amo y lo tomarías como un capricho. Podría decirte que te quiero y lo tomarías como suficientemente apto, pero inseguro. Podría decir que te deseo y tu dirías que tu también, y así ciclicamente. Podría decir que te extraño, y tu dirías: "yo tb" y un ciber abrazo por msn.
Porque eso es lo que nos une, seguido de una ciberqueja absorvida un mil veces: "Ya no kiero vivir así".
Es el momento de pulsar el botón de pánico.
El botón de pánico en "nuestra relación" aplica en dos ocasiones: La primera es ante el clásico: "Te extraño tanto, ya no kiero seguir así. ¿Tú crees que esto tiene algún futuro?" y la segunda es: "Por qué no estuviste conectado?, ¿Dónde estabas?".
La primera ocasiona una rápida evasiva ya a estas alturas sin titubeos ni demasiada consideración: "Tu sabes que ahora no tengo respuestas. Estoy en un mal momento de mi vida y ni siquiera sé que pasará mañana", y la segunda provoca una reacción instintiva, casi de sobrevivencia: "Me cargan tus muñequeos, no he hecho nada, odio cuando te pones así de suspicaz" jaja. Ahora me parece gracioso.
En fin, ya habrá quien considere a esta pequeña sin necesidad de romper mi cabeza contra un muro.
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lunes, 10 de mayo de 2010
lunes, 3 de mayo de 2010
:: Rescate ::
"Yo, como fiel seguidor de la escuela pesimista, que considera este mundo como el peor de los posibles (el infierno mismo) debía cumplir mis principios... Si decidí terminar con mi vida fue justamente para rescatar mi espiritualidad y perfección de un mundo como este, temporal, efímero y lleno de dolor"
-Alvaro Canales Vega-
Desaparecido el 24/05/2007.
Desaparecido el 24/05/2007.
viernes, 30 de abril de 2010
:: Algo Así ::
Me hacías reír y llorar. Creo que nunca anhelé tanto conservar un recuerdo anticipado, aunque suene ilógico. Repetía tus pasos como haciendo películas en fotogramas. Mordí tus labios en varias ocasiones, y nunca la carne me supo tan sabrosa como aquellas veces.
Lamí tus dedos, me puse tu mano en la cara, hice gestos que quisiste besar por cuenta propia. Respiré tu aire el tiempo que pude y colé mis piernas entre las tuyas cuando dormía. Rocé tu cuello y espalda, acaricié tus pensamientos cuando callabas y recobraba el sueño entre tus brazos.
Te idealicé, viviste y te maté en quince minutos. Resucitaste para mí entre esos besos lujuriosos, te arranqué la boca por celos, lloré tu partida en el andén, volviste a morir, volviste a resucitar, volví a estar sola. Ahora pienso que te amé, cuando en el último beso te lo marqué en la boca, pero nunca lo supiste.
Lamí tus dedos, me puse tu mano en la cara, hice gestos que quisiste besar por cuenta propia. Respiré tu aire el tiempo que pude y colé mis piernas entre las tuyas cuando dormía. Rocé tu cuello y espalda, acaricié tus pensamientos cuando callabas y recobraba el sueño entre tus brazos.
Te idealicé, viviste y te maté en quince minutos. Resucitaste para mí entre esos besos lujuriosos, te arranqué la boca por celos, lloré tu partida en el andén, volviste a morir, volviste a resucitar, volví a estar sola. Ahora pienso que te amé, cuando en el último beso te lo marqué en la boca, pero nunca lo supiste.
martes, 9 de marzo de 2010
Maravilloso Coquimbo
Nunca antes había estado en Coquimbo. Precisamente por esos días no estaba entre mis planes viajar tampoco, me iba a quedar en Santiago a descansar mentalmente (dentro de lo posible) pero honestamente Santiago es una ciudad hostil para el descanso.
A la semana de estar aquí, sola, sin panoramas, con los problemas asechando fantasmalmente, decidí irme a Coquimbo, así que compré un pasaje y viajé de noche. Fue lo más maravilloso que he vivido en años. La sensación de irse de la ciudad, aunque sea por un tiempo corto hace que te alivianes en todos los sentidos. Yo estaba ultramente feliz y cuando llegué estaba más feliz todavía.
Al dia siguiente me fui a conocer el centro de la ciudad con mi camarita amiga. Más pinta de turista no podía tener, pero en verano eso es natural y es lo bueno también, como que el aire cambia con los visitantes.
En plena plaza de armas, onda 12 del día, estaba parada de frente a los cerros del centro. A mis espaldas se divisaba una leve inclinación por donde se sugería el horizonte, el cielo estaba semi cubierto y a ratos daba la impresión que se quedaría gris por siempre. Pero al cielo nortino pareciera que no le gusta el gris perpetuo y como si nada cambiaba a celeste y turquesa.
Saqué muchas fotos alrededor de mí, todo era como una postal de aldea feliz, divino.
Me llamó la atención la iglesia que estaba justo frente a mi. No pude evitar entrar porque tengo cierta debilidad por esas edificaciones y siempre trato de averiguar datos históricos o la mayor cantidad de simbolísmos inscritos que pudieran decirme detalles que no se ven a simple vista.
Entre con la solemnidad que corresponde (pese a que no creo en religiones hay que moverse con cuidado en éstas situaciones) y me senté lo más cerca posible del Cristo crucificado. Había gente rezando con fervor y por razones obvias preferí evitar sacar fotos dentro del edificio para no molestar a nadie (aunque ya me comenzaban a mirar mal de todos modos), era una iglesia muy sencilla y antigua, estrecha, de techo alto y piso de madera. Minimalista y hermosa.
Estuve un buen rato observando y antes de retirarme no me aguanté y tomé la única foto con flash que pude mientras un chico me decía que no se podía tomar fotos, no sé, creyó que era una falta de respeto. Por poco me echan pero no me importó, había estado el tiempo suficiente para impregnarme de esa belleza que sólo el tiempo sabe agravar.
jueves, 25 de febrero de 2010
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